La caza de la trufa negra

El trabajo de recoger la trufa negra, es una de las labores más sufridas de la truficultura.

Todos los días del invierno damos una vuelta por las fincas de encinas con los perros.

Los canes nos ayudan a localizar las trufas maduras a través del aroma que emana del terreno permeable, bajo el que se encuentran. Sólo el día en el que la trufa ha madurado suficientemente el perro detecta el aroma y se detiene en su búsqueda. Se acerca a las proximidades del árbol y trata de afinar la ubicación de la trufa madura.

Una vez que el perro localiza la trufa en superficie, la marca con un sutil toque con su pata, esperando que el truficultor la descubra con su puñal trufero y le ofrezca su merecido premio.

Los perros están enseñados a ir recorriendo las líneas de encinas haciendo círculos alrededor de ellas. Permitiendo así, detectar cualquier aroma que emane de la trufa a través del terreno.

Se aprovecha el agujero realizado para extraer la trufa de debajo del suelo, para depositar sobre el terreno espora nueva de “tuber melanosporum”. Este aporte permitirá acelerar la tarea de la reproducción del hongo en años posteriores.

Después volvemos a tapar el agujero, aportando la menor cantidad de piedras y compuestos orgánicos, y sin apelmazar la textura del terreno de relleno.

Cada cierto tiempo tenemos que cambiar de perro, puesto que el trabajo de olfatear buscando trufa, es una tarea agotadora. Algunas razas trabajan bien con temperaturas muy bajas, como es el caso de los Lagotto y Razas de Agua, y otros soportan mejor las temperaturas templadas, como las razas de pelo corto tipo Braco.

Si quieres acompañarnos a recoger la trufa negra en nuestras fincas, ponte en contacto con nosotros.

 

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